jueves, 10 de mayo de 2012

ESTRATEGIAS PARA SOBREVIVIR


El presentista, el rey de las tribus en la oficina


Ni el trepa, ni el pelota, ni el relaciones públicas. Con la crisis, el presentista es la figura con más notoriedad en la oficina. El miedo a perder el trabajo ha propiciado el auge de este perfil que ya no calienta la silla, sino que se agarra a ella.

El presentismo se podría definir como un tipo de absentismo maquillado. Y, mientras los presentistas crecen en las empresas, el absentismo desciende. Al menos, eso es lo que reflejan las cifras barajadas en la Encuesta de Coyuntura Laboral del Ministerio de Trabajo (ECL) que estima que la tasa de absentismo ha descendido levemente del 3,8% en 2009 al 3,7% en 2010. Este dato permite plantear la posibilidad de que “el miedo a perder el empleo en plena crisis ha provocado un mayor interés por mantener la presencia física en el puesto de trabajo”, según el I Informe Adecco sobre absentismo.
Según una encuesta elaborada por Randstad, “en sólo dos años, ha aumentado en España el presentismo en cuarenta puntos porcentuales, lo que supone pasar del 45% registrado en 2010 al 85% actual”. Y el motivo no es otro que el temor a perder el trabajo. De hecho, seis de cada diez trabajadores, indica Randstad, admiten que se quedan más tiempo en su puesto de trabajo sólo por el miedo a perder el empleo, mientras que un 24% de los encuestados asegura que la falta de personal en su empresa es la principal causa. En ambos casos, la crisis ha sido la causante de la situación.
Sin embargo, este temor a perder el empleo no se traduce en una mayor productividad. Es decir, los trabajadores faltan menos pero no trabajan más. Tal y como indica Adecco en su informe, en todos las empresas, independientemente de su tamaño, en los dos tipos de contrato (tiempo completo y parcial) y en los tres sectores de actividad, a excepción del sector industria, se registran importantes reducciones en las horas efectivas en media anual por trabajador. Y es que el presentista, tal y como lo conocíamos hasta ahora, ha evolucionado hacía un tipo que no sólo pretende ‘hacer bulto’, sino también fingir que trabaja más que sus compañeros, lo que no significa que se cargue con más tareas sino que aparenta que las tiene. Y es que ésta es otra de las consecuencias de la delicada situación económica que está atravesando España y el débil mercado laboral en el que nos movemos.
Randstad identifica al presentista como un varón, menor de 25 años y con estudios básicos. El motivo es claro. “Es el estrato sociológico que más está sufriendo el desempleo, con cifras de paro juvenil que llegan al 46,4% y son, por lo tanto, los trabajadores que más miedo tienen a la hora dde perder su empleo”.

Otras tribus
El presentista le ha ganado la partida al absentista, y los acaparadores a los trepas. La falta de estabilidad laboral obliga a muchos trabajadores a cargarse más de la cuenta con tareas para parecer, a ojos del jefe, que es una figura indispensable.

Ya no se ven tantos pelotas ni trepas en las oficinas, ahora lo que abunda es la gente que no duda en trabajar más y hacer más horas creyendo que, de este modo, no será uno de los afectados por ERE y despidos. No en vano, 2011 ha sido el primer año en el que la estabilidad laboral se ha colado en el primer puesto del estudio internacional Randstad Employer Branding. Según este informe, la seguridad en el trabajo es el aspecto decisivo a la hora de buscar empleo, relacionado tanto con el puesto como con la empresa en la que se desea trabajar. El salario, el ambiente de trabajo o la conciliación familiar pierden peso.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿TRABAJO RESPONSABLE E INDEPENDIENTE?


¿Está preparado para ser 'freelance'?

Y ahora, ¿quién me cuida? Este es el primer temor que asalta a los profesionales que, después de haber trabajado durante una buena temporada por cuenta ajena, deciden ser su propio jefe. Ya sea como empresa unipersonal o creando una compañía, para ser 'freelance' necesita valentía, seguridad y tesón porque ahora, papá empresa ya no le cuida.

Si decide independizarse laboralmente ¡felicidades! Por fin va ser su propio jefe. Nadie tendrá que decirle cómo cuándo hacer las cosas, no deberá cumplir un horario y será dueño y señor de sus éxitos y beneficios pero… prepárese. Se acabó la nómina a final de mes, el coche de empresa, los cheques de comida y, si hasta entonces ha trabajado por cuenta ajena, el privilegio de un seguro médico, plan de pensiones o similar. Aquí no podrá cerrar la puerta el viernes a las tres de la tarde y olvidarse del trabajo hasta el lunes. Al menos en los inicios esta es la perspectiva que le espera.
Por estos motivos, y alguno más, debe estar preparado para dar el paso. Pilar Jericó, en la actualidad socia directora de Be-Up, creó su propia empresa de consultoría después de años trabajando para una gran firma. “Tenía mucha marca pero vinculada a una conocida organización. Había escrito un libro y eso era un punto a mi favor. Pero no tiene nada que ver. Como empresario independiente hay que empezar de nuevo”, explica.
Asimismo advierte que “un freelance es un microempresario que, sobre todo en los inicios, tiene que hacer múltiples tareas, desde la de secretaria a otras de tipo administrativo que, trabajando por cuenta ajena, vienen dadas. Hay un salto cuántico porque, además, hay que aprender a gestionar la soledad”.
Los tipos de 'freelance'
Sin embargo, conviene que valore que existen varias tipologías de freelance y algunas de ellas no pasan por crear negocio propio. Joan Torrent, director de la UOC Business School, establece dos tipos:
1.Vinculada al proceso de subcontratación típico de la economía industrial, al trabajo autónomo independiente. “Una actividad freelance que trabaja para una única empresa. Es el típico ejemplo algunas actividades de soporte a la empresa como programadores, comerciales, transporte, periodista o editoriales”. Torrent asegura que en la mayoría de los casos, el mercado ha llevado a los profesionales a esta situación, “no ha sido una elección y no suelen llevarlo bien aunque se mantenga”.
2.Vinculada a la economía del conocimiento, tiene que ver con las redes de actividad. “Los profesionales trabajan en redes de proyectos de negocio con varios clientes y con una generación de valor en línea. Este perfil lleva su ADN ser freelance, le gusta la independencia y no lo cambiaría por una nómina fija. La libertad y la creatividad son las cualidades de su currículo oculto”.
Hoja de ruta
De una u otra manera, el aprendizaje está garantizado y, tarde o temprano, el profesional tiene que cambiar el chip y ser consciente de que el trabajo para toda la vida de la mano de la seguridad que aporta una gran empresa tiene los días contados. Por eso conviene hacer una hoja de ruta para evitar que los asuntos económicos y administrativos acaben minando el futuro de un buen freelance. Éstas son algunas de las recomendaciones que pueden ayudarle:
1.Respaldo económico.Al margen de su situación, es decir, ya se trate de que haya montado su negocio o que trabaje como subcontratado, asegúrese de contar con un colchón económico, al menos de tres meses, que le garantice la supervivencia. Puede que en número de proyectos previstos no se ajusten a la realidad o que los clientes no paguen en tiempo.
2.Gestión y dirección de la actividad. Según Torrent esta es la gran lacra de los freelance que hacen de su actividad su cultura de vida: “Suelen ser grandes técnicos y sus mayores problemas tienen que ver con la dirección estratégica y la gestión de su negocio”. Si es su caso, asociarse correctamente con alguien que cubra esas lagunas es obligatorio.
3.Cultura tecnológica. No debe tener miedo a la tecnología, al contrario, debe aprender a dominarla porque será su principal herramienta de trabajo. Tampoco deje de lado las redes sociales y el cloud computing.
4.Networking. No descuide las Relaciones profesionales. Intente recuperar aquellos contactos que tiene abandonados y consérvelos. Otra buena opción es que aproveche el potencial de eventos de networking para emprendedores y empresarios. Puede conseguir algún aliado y nuevos clientes.

lunes, 7 de mayo de 2012

¿DESMOTIVACIÓN?


Cazar a un empleado desmotivado

A veces, se mezclan entre la multitud. Parece que son los mismos de antes, pero no. Algo ha cambiado en ellos. Son los empleados desmotivados. Aquellos que no se han sentido valorados, ni reconocidos lo suficiente. Este tipo de trabajadores en los que la motivación cae por momentos, pueden causar un gran problema a la larga, comenzando porque, cuando vengan tiempos mejores, abandonarán la empresa y ésta perderá a sus mejores empleados.
La consultora especializada en coaching, outplacement y desarrollo de personas Aflora ofrece cinco puntos para detectar al empleado desmotivado. Recuerde que, a menudo, estos profesionales son muy válidos y tratar de implicarles de nuevo en la organización es fundamental para garantizar el futuro de la misma cuando vengan tiempos mejores. Si alguna de estas características empieza a ser más que evidente en sus trabajadores con más talento, ya está sobre la pista para evitar males mayores.

Dice a todo que sí, no plantea dudas ni inquietudes
Acata las órdenes sin proponer nuevas vías de realizar las tareas, sin destacar nuevos modos que harían que el trabajo se hiciera de forma más eficiente. No se implica, por tanto. Trabaja, pero sin la implicación directa que hacía de él antes un trabajador “excelente”. Ahora, simplemente, es un buen empleado.


No se motiva ante los nuevos proyectos, los lleva a cabo sin más
En el empleado desmotivado se realiza un cambio en el lenguaje. Hace algo sin más, es decir, porque “tiene” que hacerlo, no porque “quiera” hacerlo. Es lo que sería la diferencia entre la obediencia y el compromiso.


Su productividad baja levemente, casi sin notarse
Se mueven pero no avanzan. Parecen haber olvidado que, tiempo atrás, eran el motor del departamento o de la empresa. Sienten que su comportamiento es coherente con sus pensamientos, por tanto siguen actuando de la misma manera, es decir estando pero no dando el máximo de si mismos.


Crean un ambiente negativo a su alrededor
Critican, plantean problemas, pero nunca soluciones. El trabajador en situación de merma de motivación, sólo generará inconvenientes, trabas, etcétera, pero no tendrá la suficiente iniciativa para plantear remedios que provoquen la resolución de la situación.


Siempre presente, pero ausente emocionalmente
El absentismo no es un problema con este tipo de empleados. Nunca faltan. Sin embargo, si que “falta” su compromiso con la empresa. Están, pero sin estar emocionalmente. Es lo que se ha venido a llamar el absentismo emocional.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿DEBO HABLAR CON MIS JEFES?


¿De qué hablo con mi jefe en el ascensor?

Las coincidencias en el elevador provocan uno de los silencios más incómodos que se conocen. En ese breve viaje con el supervisor, el empleado puede pasar inadvertido, lanzar su carrera... o echar todo a perder. Los rascacielos neoyorquinos lo saben mejor que nadie.

Dicen que la culpa de que haya tantos lustradores de zapatos en las calles de Nueva York es sólo de los ascensores. Generan un incomodísimo silencio, que se vuelve insoportable cuando es escenario de un encuentro fortuito con un desagradable compañero de trabajo. O más aún si es con un jefe imponente. Ante estas incómodas situaciones, magnificadas en Nueva York por la altura de sus rascacielos, no hay mejor remedio para evitar un cruce de miradas que inclinar la cabeza y contemplar los pies propios y ajenos. Así que unos zapatos brillantes son toda una carta de presentación.
Es uno de los trucos del código de conducta y etiqueta sobre la forma de comportarse en un ascensor que ha desarrollado Nueva York. Una ciudad en la que los largos viajes en el elevador dejan inservible el clásico “qué buen día hace hoy” aunque sea 10 de agosto, o el típico “ya queda menos para el fin de semana”, válido de martes a viernes.

Pistas
Esas frases, además de dar una imagen banal al jefe, no rellenan el ascenso de las más de 50 plantas de cientos de edificios de oficinas, como la torre de Bank of America, la de Bloomberg, la de Trump, General Motors, Time Warner o la de Times Square. Ni mucho menos cubren los infinitos silencios de los 77 pisos del Edificio Chrysler, los 102 del Empire State Building ni los 104 que tendrá el nuevo World Trade Center.

De ahí que Manhattan, sabedor de que una vez desatada la charla obvia e intrascendente sobre el clima no hay quien la pare, haya desarrollado sus propias leyes, dando una buena batería de pistas a quienes se sientan incómodos en estas situaciones. Y también a aquellos que deseen aprovechar al máximo el encuentro con un superior y ofrecer la mejor imagen.
La primera regla de oro que han aprendido generaciones de empleados neoyorquinos es no examinar nunca a los acompañantes. Si no se quiere dirigir la mirada al suelo, se puede hacer a la puerta del ascensor. La segunda regla es juntar las manos con los brazos caídos, y sobre todo, mantener una distancia razonable con el resto de personas y evitar dar la espalda, escogiendo un sitio pegado a la pared del elevador.
La literatura en Nueva York es tan amplia que los gurús inventaron incluso el arte del ‘discurso de ascensor’
La última norma, también esencial, es no hablar por teléfono, pues se considera una auténtica falta de educación. Sí es válido, y además es un consuelo cada vez más extendido dentro de ese par de metros cuadrados, pegar los ojos a la pantalla del teléfono móvil.
Hasta aquí el código de conducta tradicional, válido para empleados tímidos o introvertidos. Para los demás, los gurús norteamericanos dan entrada a un concepto muy estadounidense: el elevator pitch.
La táctica, que surgió hace cerca de un lustro, se basa en aprovechar ese encuentro fortuito con el jefe en el ascensor para presentarse a uno mismo a modo de anuncio publicitario o vender esa gran idea que puede lanzarte al estrellato. Esa elaborada ocurrencia que siempre ha pensado que puede dar un giro a su carrera.
Puede parecer una idea muy simple, pero esconde detrás todo un arte que desarrollan los cursos de entrenamiento a emprendedores. También las grandes compañías norteamericanas, como General Electric, desarrollan seminarios sobre esta técnica. A todos ellos se les enseña a vender una idea de negocio a un inversor en una conversación de entre 10 y 30 segundos, simulando el encuentro en un ascensor.
Los jefes pueden programar los elevadores para redirigir a un empleado a su despacho

‘Control de destino’
Si aún no ha empleado esta técnica, puede estar a punto de perder la oportunidad de recibir toda la atención de su jefe. Es lo que está pasando en Nueva York. Los directivos, hartos de tanta presentación espontánea, están exigiendo la instalación de unos nuevos ascensores que permiten a los ejecutivos de alto rango viajar en un elevador separado del personal no jerárquico, como sucede en el centro de negocios de Manhattan, y en entidades como Bank of America.

Son un paso más respecto a los ascensores que ya hace años que triunfan en Nueva York. Mediante un sistema llamado “control de destino”, el empleado selecciona un piso en un tablero electrónico, que le remite a un elevador específico que le lleva casi directamente al lugar elegido. Sin esta tecnología, bromean los gurús, el aluvión de elevator pitchs en EEUU habría obligado a los jefes a dejar el gimnasio y subir cada mañana por las escaleras.

viernes, 4 de mayo de 2012

¿LA TRADICIÓN PUEDE RENOVARSE?


Negocios tradicionales convertidos en empresas con futuro

El negocio de toda la vida, el de la venta de frutas, el taller de bicicletas, la librería o la tienda de artesanía en la que se fabrican persianas, aún tiene cabida en una sociedad en la que las grandes superficies y la producción en masa han abocado a gran parte de estos comercios al cierre. Sin embargo, la cercanía al público, la innovación en los productos y la apuesta por la venta online convierten a estas pequeñas empresas en una opción para los emprendedores. "El negocio tradicional se desarrolla en un sector maduro y ofrece una respuesta ‘de toda la vida’ a la forma de competir y al modelo de negocio desarrollado en un campo tradicional”, explica Thierry Casillas, director de programas de consolidación de EOI.
Entre las oportunidades que ofrece el comercio tradicional se encuentran el que estos negocios siempre tendrán un hueco en el mercado y demanda de productos. Además, el primero que llega es el que establece las barreras de entrada complicando la permanencia a los competidores.
Pero Ángel Colomina, director de formación y emprendimiento del Consejo de Cámaras de Comercio matiza que “los emprendedores han de adaptarse a los nuevos patrones de compra de los consumidores y deben usar las nuevas tecnologías en la prestación o venta de los productos”.
En la puesta en marcha de la tienda online, por ejemplo, se deben analizar los gustos de los clientes para saber qué comercializar.
Un negocio es tradicional en la gestión u organización, pero no debería serlo en el producto: “Si se quiere entrar en un mercado maduro, hay que innovar y diferenciarse”, concluye Casillas.

Una librería para leer y tomar un vino
Escribir en la sección de literatura de un periódico y una partida de billar fue el comienzo de Tipos Infames. A Gonzalo Queipo, Francisco Llorca y Alfonso Tordesillas se les ocurrió la idea en 2007, y tres años después nació esta librería en el barrio madrileño de Malasaña. “Ampliamos el negocio tradicional de librería con un espacio donde ofrecemos una selección de vinos, bodega, cafetería y una sala de exposiciones. Digamos que es un lugar donde suceden cosas relacionadas con el libro, como presentaciones, exposiciones de ilustradores o talleres”, explica Tordesillas. La calidad, la especialización y la cercanía con el lector son tres de las claves del éxito de un negocio que, dada la crisis, tiene un panorama complicado. Los próximos proyectos para la librería pasan por el desarrollo tecnológico: renovar las condiciones del local incluyendo un proyector y una pantalla, y cambiar la web mejorándola con más servicios. “La cuestión radica en seguir activos y trabajar por lo que más nos gusta, la literatura”, afirma Tordesillas.


Productos de esparto para nuevos clientes
Juan Sánchez llegó hace 14 años al negocio de artesanía que había regentado primero su abuelo y después su padre, tras haber trabajado como técnico informático. Situada en la calle de la Cava Baja de Madrid, en Espartería Juan Sánchez se venden los productos que él mismo elabora: artículos de esparto, botijos, persianas, botas de vino y cuerdas. Explica que el negocio ya no tiene nada que ver con el de su padre, en el que había distinta mercancía y compraban otros clientes. “Vienen gitanos buscando bastones y servimos para el ‘atrezzo’ de películas y series de televisión”. Por ejemplo, en Hispania o Juana La Loca se ven los productos de esta espartería. Aun así, Sánchez reconoce que “las grandes superficies han matado a los negocios tradicionales”. Su apuesta ahora es la tienda online y un buen posicionamiento en Internet. “No me da para vivir, pero sí para capear la crisis”.


Originales bombones hechos a mano
Bombones de jengibre, de sésamo, chocolatinas, tabletas con frutos secos, con fruta fresca... Teresa Yagüe, maestra chocolatera, lleva trabajando este producto desde 1996, pero fue en marzo de 2010 cuando abrió La Bombonera de Barco en Madrid. Un negocio tradicional en el que se elaboran y venden productos de chocolate sin conservantes ni aromas artificiales. “Hay que dejar bien clara la diferencia entre el comercio que compra y vende artículos de chocolate y el nuestro, que fabrica fijándose en la calidad y en la originalidad de los bombones”, comenta Yagüe. Después de dos años, la tienda empieza a tener una clientela asidua, pero esta emprendedora reconoce que son momentos difíciles. “Intentamos buscar nuevos clientes en catering y bares. Ahora con la moda de los ‘gintonics’, algunos locales ponen una tapa dulce, así que ahí estamos nosotros con una uva o un gajo de mandarina bañado en chocolate”.

jueves, 3 de mayo de 2012

¿PUEDES SER TU PROPIO JEFE?


Cómo agradar a un buen jefe (si lo tiene)

¿Tiene usted un buen jefe? Enhorabuena. Forma parte de un grupo selecto de profesionales que, además de un trabajo, disfruta de un mando que colabora en su desarrollo. Goce mientras pueda y, mientras tanto, aquí van algunos consejos para agradar a su jefe. (Sólo si este es bueno)

Criticar al jefe (algunos lo ponen muy fácil) es un deporte mundial de gran éxito y con millones de afiliados. Decenas de encuestas analizan cada año las características del mal jefe, cómo no se debe gestionar a los empleados, cuáles son sus pecados y errores; qué detestan los profesionales de sus mandos; por qué un jefe es tóxico...
Hay porcentajes y cifras que calibran el número de personas que están dispuestas a cambiar de trabajo, a abandonar su empresa e incluso su carrera por culpa del jefe. Ya se sabe… Las personas no se van de las empresas, sino de sus jefes.
Pero, ¿y usted? Pongamos que es uno de los afortunados que tiene un buen mando. Un jefe que que le ayuda a desarrollarse profesionalmente; un verdadero líder, preocupado no sólo de su desempeño, sino también de motivarle y desarrollarle. Un jefe que influye pero no manda; un generador de espacios emocionales en los que usted puede liberar su talento. Lo primero, enhorabuena. Y lo segundo: ¿sabe cómo agradar a ese buen jefe?
Su superior necesita confiar en usted. No diga que va a hacer lo que después es incapaz de cumplir. Tampoco vale la vaguedad del "lo intentaré" o "quizá". Sea creíble. Tenga además en cuenta que cualquier jefe acepta y valora un "no voy a llegar" con tiempo para tomar decisiones. El "ya no puedo" no tiene solución.
El jefe valora especialmente que usted tome la iniciativa. No espere a que le encargue algo. Sea proactivo. Usted debe ser el de la cultura de las soluciones, no el de los problemas. Evite ser el crítico y cenizo permanente, el que sólo ve problemas en todo. Estos cenizos no dejan opción para razonar con ellos.
Su jefe espera que sea competente, en las grandes cuestiones y en los pequeños detalles. La calidad de su trabajo es su mayor argumento. Es recomendable asombrarle con algo mejor de lo que él esperaba. Pero aquí debe tener en cuenta lo alto que pone el listón para futuros encargos. Tampoco está de más un poco de "gestión de la eficacia".
Su trabajo es hacer mejor a su jefe. Y el de su superior es conseguir que usted tenga éxito. Cualquier otra opción contraria a esta simbiosis será una fuente de problemas organizativos.
El buen jefe tampoco quiere a los maniáticos del manual con un exagerado sentido de las reglas, incapaces de tener una idea creativa. Son de la clase de gente que anota todo, pero aportan más bien poco.
Su jefe necesita gente que sea muy buena en cuestiones determinadas. Es bueno que usted sea competente en un área determinada que su superior valore. No pretenda ser el chico para todo ni trate de dar la imagen de que es capaz de resolverlo cualquier tarea.
Si su jefe está a punto de tomar una decisión estúpida, no pasa nada si trata de convencerle con argumentos de que hay otros caminos. (Estamos hablando de agradar a un buen jefe. Si su jefe es tóxico, no intente llevarle la contraria. De hecho, el mal jefe sólo quiere aduladores a su alrededor. Si usted es un pelota profesional con un mal jefe, enhorabuena. Pero tenga en cuenta que su superior le utilizará mientras le convenga, como apoyo para su ego. Pero al llegar el día de la verdad o cuando la situación se ponga crítica para él, no dudará en abandonarle).
Olvídese de jergas y jeroglíficos. Su jefe quiere lenguaje llano, las cosas claras. Utilice pocas palabras y hágase entender fácilmente.
Muestre seguridad y autoconfianza. Sea sincero y claro. Evite caer en el pozo de los mentirosos que actúan así para escaquearse de algún problema o no asumir su parte de responsabilidad.

martes, 1 de mayo de 2012

¿CUIDAS TU IMAGEN DE MARCA?


Haz de tu marca personal tu modelo de negocio

Al menos esto es lo que proponen Tim Clark, Alexander Osterwalder e Yves Pigneur en su libro Tu modelo de negocio (Deusto Editorial), en el que dan las pautas necesarias para que un profesional defina su modelo de negocio para poder ‘venderse’ como si se tratase de una empresa. Y es que, en el fondo, todos disponemos de una marca personal que hay que saber evaluar y poner en valor gracias a un esquema bien trazado.
Un modelo que no debería, ni mucho menos, ser estático ya que los tiempos cambian y, con ellos, también deberían cambiar las empresas y las personas. Si las organizaciones modifican sus esquemas para poder adaptarse a la nueva realidad, las personas también deberían “identificar su modus operandi y adaptarse a un entorno voluble”, reza la obra de Clark, Osterwalder y Pigneur.

Sin embargo, saber definir un modelo de negocio no es sencillo. Por eso mismo, este libro defiende que lo primero que hay que hacer es conocer cómo se aplica en la empresa para la que trabajas y de esta manera “utilizar el mismo método de reflexión para definir, perfilar y desarrollar tu carrera profesional”.

Modelo de negocio personal

En los modelos de negocio personales, “el recurso clave es la persona, sus intereses, sus competencias y habilidades y los activos que posee o controla”.
Partiendo de este punto, el libro propone diez claves que hay que tener en cuenta a la hora de dibujar tu esquema personal:
1) Recursos clave. Estos engloban: quién eres, es decir, cuáles son tus intereses, competencias y habilidades, y tu personalidad; y qué tienes, es decir, cuáles son tus conocimientos, tu experiencia, contactos personales y profesionales y otros recursos tangibles o intangibles.
2) Actividades clave. Este apartado se podría resumir en ‘el qué haces’. Por eso mismo, debes reflexionar sobre las tareas esenciales que realizas habitualmente en tu puesto de trabajo.
3) Clientes. Si para una empresa los clientes son aquellos que pagan por recibir un beneficio, en el caso de un profesional, entre sus clientes se cuentan las personas de la organización que dependen de tu ayuda; tus jefes, pues se ocupan de recompensarte directamente y, en general, cualquiera que pueda sacar beneficio de tu rendimiento laboral.
4) Valor añadido. Qué ayudas ofreces. Para ello, el libro propone que te preguntes para qué trabajo te contrata un cliente y qué beneficios aporta tu labor. Y es que uno de los aspectos fundamentales del modelo de negocio personal es “entender cómo las actividades clave se convierten en valor proporcionado para los clientes”.
5) Canales. En este caso hay que plantearse cómo te das a conocer y qué medios utilizas. Se trata de hacer algo parecido a un proceso de márketing y preguntarse cómo te conocerán tus clientes potenciales, cómo decidirán si deben comprar lo que les ofreces, cómo proporcionarás el servicio y qué seguimiento harás para asegurarte de que están contentos.
6) Relaciones con clientes.
7) Asociaciones clave. Las asociaciones te sostienen como profesional y te ayudan a hacer el trabajo con éxito. Estas personas pueden ser compañeros, mentores, miembros de tu red de contactos, etcétera.
8) Ingresos y beneficios. Debes apuntar tus fuentes de ingresos tales como el salario, los honorarios profesionales, acciones, regalías o cualquier otro pago. A esto hay que añadir cualquier beneficio adicional que puedas recibir, como el seguro de asistencia sanitaria, becas, planes de jubilación, etcétera.
9) Costes. Algo que viene a traducirse como qué das. Los costes son la inversión para trabajar e incluyen tiempo, energía y dinero. Por eso, en Tu modelo de negocio se propone hacer una lista de los costes directos y los indirectos.
10) Reflexión. Debes repasar tu trayectoria profesional y pensar en cómo quieres conjugar tus aspiraciones laborales y personales con el rumbo que has adoptado.